Edición
dedicada a los múltiples y variados vínculos que supo construir el
Estado con los deportes más populares a lo largo del tiempo.
Abordamos
el aprovechamiento que el gobierno porteño hizo en estos años de cuanto lugar de entrenamiento pudo y cómo se dio el gusto de
organizar un Juego Olímpico Juvenil, curro que unas cuantas ciudades
importantes rechazaron.
No nos olvidamos tampoco de las decisiones
gubernamentales que incidieron en las últimas décadas en la forma que se
desarrollan y que vemos las competiciones autóctonas.

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